Cuerdos de atar (2006)

 

Todos recordamos aquella careta con la que los griegos representaban la comedia: sus ojos negros y enigmáticos, su boca amplia y arqueada, su sonrisa helada… Sin embargo ha sido el espejo de los siglos el que ha ido llenando de miradas aquellos ojos, relajando o frunciendo aquella mueca y vivificando con ejemplos del día a día aquella sonrisa hasta hacerla inmortal.

Por eso han venido ustedes al teatro. Como han hecho miles de seres humanos durante estos últimos veintitantos siglos. Porque la comedia sigue divirtiendo y porque refleja ante ustedes esos otros rostros que vemos cada día en el noticiario, en el trabajo, en la calle o en nuestra propia casa. La comedia de esta noche trae la careta más lozana y renovada. José Moreno Arenas ha puesto en sus labios palabras de hoy mismo, ha llenado sus ojos con miradas de nuestro propio mundo y ha virado las sonrisas unas veces hacia carcajadas y otras hacia el hielo que producen las grandes verdades cuando se ven tan nítidas. Una comedia en cuatro tiempos, con sus cuatro anécdotas distintas pero un sólo humor picante e irónico, con sus cuatro caretas como cuatro balcones sobre la misma placeta, poblada por toda esa gente que. nos resulta tan familiar.

En El atraco asomará su rostro el humor absurdo, con su ingenuidad pero su doble intención; en La tentación puede que veamos a Quevedo y su ácida crítica del poder y de España, único país en que el diablo tiene una estatua; en El túnel habrá máscara hasta el final y, aunque la sorpresa aliviará lo que creíamos impertinencia, siempre sospechamos algo más, oculto bajo el disfraz; en La residencia reiremos justo por lo contrario, porque la hipocresía se nos muestra sin máscaras o “donde las dan las toman”.

Tampoco Juanito Navarro nos mostrará esta noche su careta habitual. Él tiene guardados en el baúl de su experiencia decenas de rostros y hoy nos sorprenderá con una forma diferente de hacer humor, con una tersura y una elegancia que a muchos sorprenderá. Todo ello junto a unos grandes actores como Ángel Luis Yusta, Tania Ballester y José Albert, que mostrarán su agilidad en cambiar de personaje y su perfecta adecuación a cada uno de los rostros que les baraja y les asigna esta ‘endiablada o virginal’ comedia. Sólo falta que ustedes se rían, que sus gestos sean de complacencia, y entonces habremos logrado, una noche más, ese prodigio de multiplicar aún más los rostros que tiene la comedia.

 

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