Violines y trompetas (2002)

    En 1977 se estrenaba en el teatro Infanta Isabel de Madrid “Violines y Trompetas”. Es decir, que este año se cumple el XXV aniversario de la primera representación. Interpretada por Jesús Puente, Juanjo Menéndez, Pilar Bardém y Violeta Cela, el éxito fue asombroso. La obra se representó por espacio de cuatro años ininterrumpidos por diversas compañías simultáneamente (en Barcelona los actores fueron Paco Morán y Fernando Guillén) y luego prosiguió su carrera triunfal por todos los países de hispano-américa, EE.UU., y media Europa.

Han ocurrido muchas cosas desde entonces, han cambiado mucho las costumbres y la moral de las nuevas generaciones, pero cuando Ángel Luis Yusta me manifestó su propósito de reponer la obra y decidí revisar el texto, comprobé que, salvo algunos puntuales comentarios a circunstancias o acontecimientos de un cuarto de siglo atrás, actualizados convenientemente, la comedia se hallaba plenamente vigente. Los problemas, las ambiciones y las angustias de este trío de músicos de cámara, mediocres y stresados, que recorren la geografía española dando conciertos y soportándose mutuamente, son perfectamente comprensibles para la gente del siglo XXI porque las cuestiones del sexo, los celos, las frustraciones y los anhelos reprimidos del ser humano no cambian a lo largo de los años.

Ángel Luis Yusta, que ya me repuso con gran éxito “¿Qué tal, cariño?”, presentándola por toda España durante casi dos años, se encarga ahora de que vuelvan a sonar aquellos violines y aquellas trompetas. Es un extraordinario y magnífico actor que no desmerece de los antiguos intérpretes. Junto a él, Tania Ballester, bella y excelente actriz, Tony Isbert, otro gran veterano del teatro, de ilustre y admirado apellido, y Soraya Padrao, joven y dulce, que es la encargada de acelerar el ritmo vital de los músicos.

Estoy convencido de que los espectadores que vieron la obra en la década de los 70 y la vuelvan a ver ahora, no se sentirán defraudados. Sigue fresca, sugerente y divertida. En cuanto a los que entonces eran niños o adolescentes y no la vieron, yo les aconsejaría que se decidieran a entrar en el teatro, donde se encontrarán con un texto que les hablará de cuestiones de ahora y de siempre en un lenguaje comprensible. El Trío del Archiduque, de Beethoven, que los músicos ensayan durante la representación, continúa sonando magníficamente bien.

 

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